El perro zen: el perro que disfruta con el aburrimiento

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Cómo educar a mi perro

Compro o adopto un perro, y al cabo de un tiempo me doy cuenta de que muestra algunos problemas de comportamiento con los que no contaba, así que decido entrar en Google y buscar: cómo educar a mi perro, o cómo entrenar a tu perro.

En ese momento se abre una Caja de Pandora. Una puerta a un universo paralelo que desconocías, del mismo tamaño o incluso más grande que el que sí conocías. La cantidad de oferta de estrategias, herramientas, educadores caninos, vídeos y demás recursos es gigantesca. Resulta abrumador. Es imposible valorar todas las opciones con cierto criterio, y más si acabas de entrar en este mundo.

PERO ENTONCES, ¿CÓMO EDUCAR A MI PERRO?

Si hay algo que sí debes tener claro a la hora de valorar tus opciones, ya sea para trabajar tú con tu perro, para contratar un profesional, para comprar un arnés o una correa, o lo que vayas a hacer, es que la forma más eficiente de educar a tu perro es la basada en los principios científicos que no implican el uso de la fuerza, del miedo ni del dolor. Los métodos que sí usan la fuerza, el miedo o el dolor en el perro para el «aprendizaje» conllevan un alto riesgo de consecuencias negativas en el perro, tanto a nivel cognitivo-conductual, como físico, emocional y social. Además de que no son necesarios en absoluto.

Ya en el año 2004 un grupo de alumnos del Curso de Medicina Comportamental Clínica Aplicada Avanzada elaboraron un artículo como Proyecto Final del Curso, titulado «Buenos educadores: cómo identificar uno y por qué es importante para tu labor en medicina veterinaria» (Puedes leer aquí el artículo original «Good trainers: How to identify one and why this is important to your practice of veterinary medicine»).

Aunque el objetivo del artículo era ayudar a los veterinarios a identificar buenos educadores caninos, que consigan hacer de la experiencia de las visitas a la consulta veterinaria algo positivo para los perros, las pautas que explican son de aplicación completa para todos los ámbitos en los que la educación canina es necesaria. Es decir, para casi cualquier momento y situación de la vida diaria del perro.

NO TODO ES EL COMPORTAMIENTO EN EL CÓMO EDUCAR A MI PERRO: SU BIENESTAR

El artículo se centra mucho en la parte comportamental del perro, y no tanto en la parte emocional, aunque sabemos que en la mayoría de ocasiones la primera se ve afectada por la segunda. Hemos de partir de la base de que no se puede hacer un análisis de los comportamientos de los perros sin analizar previamente sus estados emocionales, físicos y sociales. Dicho esto, el artículo da un buen número de pautas e informaciones interesantes para las personas que han llegado al momento de tener que trabajar algún comportamiento con su perro.

Cuando hablamos de comportamientos problemáticos o no deseados, también hemos de considerar siempre que son no deseados para los humanos. El perro hace lo que hace de una forma muy natural para él, aunque para nosotros pueda llegar a ser un inconveniente. Y por ello hemos de considerar qué comportamientos realmente hacen de la convivencia con el perro algo complicado y se deben trabajar. Por ejemplo, que el perro ladre cuando llama un repartidor a la puerta puede ser molesto para nosotros. Pero es algo natural para el perro, que ocurre con poca frecuencia y que no tiene por qué molestar en la convivencia diaria (o quizás sí).

QUÉ BUSCAR EN UN EDUCADOR CANINO

Resumimos a continuación algunas de las pautas que el artículo menciona sobre cómo educar a mi perro… o más bien sobre:

¿Qué es la educación canina en positivo?

La educación canina en positivo simplemente significa que premias los comportamientos deseados, ignoras o rediriges los indeseados, y evitas el patrón de los «tironcitos y toques» de la educación canina.

  • La educación canina en positivo se basa en una estructura de recompensa que motiva al perro a querer trabajar más contigo. En otras palabras, es motivadora, alentando al perro a explorar comportamientos y situaciones que generarán la recompensa.
  • La educación canina en positivo se basa solo en la recompensa: no hay castigos o «correcciones». Cando el perro realiza un comportamiento que el cliente quiere, se motiva al perro a que realice ese comportamiento más a menudo al premiarle inmediata y constantemente por el mismo.
  • La educación canina en positivo puede implicar hacer que el perro preste atención a algún estímulo emparejado con la recompensa (p.ej., el target). En la técnica del target se enseña al perro a a ir a un punto, tocar un punto, tocar a una persona, etc… como comportamiento por defecto cuando se le da el comando adecuado. Por ejemplo, cuando se encuentra con otros perros, el cliente puede decir «Toca» y el perro automáticamente se sienta junto a ella y pone su nariz en su rodilla, con lo cual le da un premio. En este caso, debido a que el perro se alejó de la situación, se le premió, y se sentó, estaba más calmado y podía entonces entrar en la situación de interacción social con los otros perros de una forma más calmada, considerada y pensada. Estos «trucos» son «milagros» para perros ansiosos que necesitan de un tiempo de calma para procesar la información. (Nota de CANMIGOS) En este ejemplo resulta clave evaluar realmente el estado emocional del perro, y no solamente los comportamientos que realiza: hay perros que pueden gestionar acercarse, sentarse y tocar la rodilla con su nariz, pero aún así hacerlo en un estado emocional muy ansioso, y ello conllevaría un problema cuando se les liberara para acercarse a interactuar con los otros perros.
  • Entrenamiento con luring: el luring puede ser una parte del entrenamiento canino en positivo, cuando se realiza correctamente. Si los clientes quieren que sus perros aprendan a tumbarse en sus camas, a sentarse, a tumbarse o a ir a un cierto lugar, pueden emparejar el comando verbal (p.ej., «cama») con el proceso en el que sujetan el premio delante del perro, quien se focaliza en él, y entonces los clientes mueven el premio hasta un sitio o de cierta forma para que el perro realice el comportamiento solicitado. Por ejemplo, se puede fácilmente enseñar a los cachorros jóvenes a sentarse utilizando el luring. Se le pide al cachorro que se siente, y mientras se repite la palabra el premio se mueve despacio desde la nariz del perro hacia sobre su cabeza. A medida que el cachorro inclina su cabeza hacia arriba el sentarse ocurre de forma automática. Tan pronto como el culo del cachorro toca el suelo, el cliente dice «Muy bien» y le da un premio. El luring es particularmente útil con cachorros que no saben muchas cosas y tienen tiempos cortos de atención. Por favor, nótese que hay una gran diferencia entre el luring y el soborno. No necesitamos ni queremos sobornar a los perros, porque los sobornos refuerzan los comportamientos problemáticos. Se soborna a un perro cuando se le da el premio antes de que realice el comportamiento adecuado para evitar que el perro —al menos temporalmente— se mantenga realizando el comportamiento no apropiado. Desafortunadamente, en términos de aprendizaje, cuando utilizas un soborno estás recompensando y reforzando el comportamiento que quieres que desaparezca. Nada bueno.

¿Y qué hay del castigo? Hay muchas trampas en el castigo

  • En la mayoría de animales, el castigo aumenta la ansiedad y el miedo. Este aumento se puede percibir directamente, mediante comportamientos, y se ha medido en numerosas especies monitorizando cambios en su neuroquímica. Los cambios neuroquímicos asociados a la ansiedad y al miedo interfieren con el aprendizaje de los comportamientos apropiados, pero facilitan el aprendizaje en el que los individuos relacionan el castigo con una amenaza.
  • El castigo arruina las relaciones. El castigo enseña a los animales a ser cautelosos con el castigador, porque —en realidad— es una amenaza.
  • El castigo inhibe el aprendizaje deseado. Activar la amígdala, la región del cerebro que constituye el primer paso en la creación de miedos adquiridos. Con ello, el castigo interfiere con una respuesta neuroanatómica que se asociaría al aprendizaje de comportamientos deseados.
  • El castigo no le dice al perro qué hacer. El castigo solo le dice lo que NO hacer. Desafortunadamente, existe una cantidad casi infinita de opciones de cosas que nosotros y nuestros perros no deberíamos hacer. Pero si tuviéramos que pasar por todas ellas antes de aprender lo deseado, el aprendizaje sería imposible. Nadie puede aprender asociaciones por aprendizaje por castigo (p.ej., evacuar solo fuera de casa), porque la información esencial se pierde. Y así el castigo en sí mismo enseña algo que no queríamos.
  • El castigo hace a los animales más reactivos, de forma que aumenta la agresividad y la excitación. Cualquier animal que ya era agresivo lo será más cuando se le castigue, pues entonces tendrá alguna certeza de que la persona que le castiga es una amenaza. El aumento en la excitación, particularmente si se asocia al miedo o a la agresividad, también hace muy difícil o imposible el aprendizaje —o incluso la oferta— de comportamientos apropiados.
  • El castigo aumenta el riesgo de daños físicos y psicológicos. Los perros manejados con collares de ahogo y de pinchos a menudo tienen daños en la laringe, el esófago, la tiroides y la tráquea. Los daños del nervio laringeo recurrente o su parálisis pueden dejar secuelas y pueden detectarse pronto por un cambio en el ladrido. Además, el castigo físico, como los golpes o pegar al perro, pueden romper huesos y dañar órganos internos. Afortunadamente los patrones de los daños asociados a abusos se examinan detenidamente y los criterios están publicados. Los clientes a menudo piensan que el perro se ha beneficiado del castigo, porque el comportamiento indeseada ha desaparecido. Un examen detenido de los cambios reales en comportamientos normalmente indica que muchos comportamientos normales también han desaparecido, y que el perro pasa más tiempo realizando comportamientos de evitación, escondido y vigilante y escaneado (todos ellos relacionados con la ansiedad) más de lo normal en cuanto a comportamientos afiliativos caninos. Por favor, nótese que el abuso en perros va emparejado a menudo con el abuso de menores y la violencia doméstica.

¿Qué herramientas de entrenamiento (aparte de sus cerebros) usa el educador canino?

 

Herramientas que SÍ

Las herramientas buenas promueven los comportamientos calmados y relajados, así como un aprendizaje eficiente, lo que resulta de mayor interés para el perro y para el equipo humano-perro. Las herramientas apropiadas incluyen:

  1. Premios pequeños, del tamaño adecuado para la boca del perro (comprobar posibles alergias antes!)
  2. Correas
  3. Arneses
  4. Felicitaciones
  5. Juguetes (como refuerzo para los buenos comportamientos)
  6. (Nota de CANMIGOS) En el artículo original también se mencionan en esta categoría los collares de cuello y de morro, pero las últimas investigaciones y las tendencias de educación canina respetuosa indican que estas herramientas pueden provocar daños físicos en los perros (recordemos que el artículo original es del año 2004), por lo que no deberían ser alternativas cuando buscamos cómo educar a mi perro.

Herramientas que NO

Herramientas que se deben evitar porque aumentan el miedo y la ansiedad:

  1. Collares de shock / eléctricos, de pinchos, de ahogo / estrangulamiento
  2. Collares / cadenas «de corrección» (algunas veces llamados de forma eufemística «collares de entrenamiento»)
  3. (Nota de CANMIGOS) En esta categoría también entrarían los collares de vibración y de dispersión de sustancias, como la citronela, así como los collares antiladridos.

Herramientas que DEPENDE

Algunas herramientas pueden ser problemáticas o convertirse en problemáticas cuando se utilizan incorrectamente, pero puedes no pensar así en un principio. Algunos ejemplos:

  1. Correas Flexi (extensibles): las correas Flexi no son herramientas de entrenamiento. Si el perro no sabe cómo caminas bien con la correa, no aprenderá utilizando una correa Flexi solamente. Además, las correas Flexi permiten a los perros explorar sin la supervisión y la atención del cliente. Así, el perro puede convertirse en la víctima de otro perro, de una bicicleta o de un coche, o puede herir a alguien que tropiece con la correa al doblar una esquina o caminar entre mucha gente. Además, el manejo de estas correas Flexi resulta de difícil a imposible para usarla bien si eres una persona mayor o un niño, si tienes manos pequeñas o si tienes artritis. Si el mango se suelta de la mano del cliente se puede convertir en un arma voladora y hacer daño al perro o a otro individuo.
  2. Collares de citronela (Ver nota de CANMIGOS más arriba): los collares de citronela suprimen el ladrido reactivo al usar un estímulo interruptor —un soplado de aire aromatizado con citronela— que resulta aversivo para la mayoría de perros. Para algunos perros el estímulo resulta fácil de ignorar, mientras para otros —incluyendo muchos perros con fobias a ruidos— el «psssss» del aire es aterrador. Si un perro que se aterroriza con el «psssss» está cerrado en una jaula o transportín cuando el collar de citronela se activa, el perro puede entrar en pánico porque está atrapado —eso es lo que es para ellos— en una situación fóbica, haciendo cualquier problema de comportamiento aún peor. Los perros que ladran por estrés no reciben ayuda alguna de estos collares, y pueden empeorar, pues el estímulo aparece de forma impredecible para ellos. Además, algunos perros y clientes pueden ser alérgicos al aceite de citronela.
  3. Clickers: mientras hay un riesgo bajo de causar comportamientos problemáticos con el clicker, los cliente pueden fácilmente sobre-utilizarlo. Cuando esto ocurre, el cliente micro-gestiona todo el tiempo y los comportamientos del perro y puede hacer que los perros ansiosos empeoren. El tiempo de desconexión en el que los perros pueden ser perros es realmente un elemento esencial en cualquier relación humano-canina.
  4. Cuando se usa de la manera correcta, una jaula/transportín es una herramienta estupenda para entrenar la gestión de las evacuaciones (pis y caca) en casa, pero no es una herramienta apropiada para tratar la Ansiedad por Separación.

Infórmate sobre la protección de responsabilidad:

  • ¿Tiene el educador canino un seguro? En España se precisa un Seguro de Responsablidad Civil para ejercer como educador canino.
  • ¿Pide el educador canino la cartilla veterinaria con los chequeos y las vacunaciones obligatorias?
  • ¿Cómo gestiona el educador un perro al que alguien le tiene miedo o que puede poner a personas u otros animales en peligro? Puede ser necesaria una declaración escrita sobre la situación, o incluso una transferencia a unas sesiones más apropiadas.

¿Qué credenciales y experiencia tiene el educador canino?

  • Muchas organizaciones (Europeas y Americanas) ofrecen seminarios y cursos prácticos en teoría del aprendizaje y su aplicación. ¿El educador ha asistido a algunos de ellos?
  • ¿El educador asiste a algún tipo de formación continuada? ¿Con qué frecuencia? ¿Publica los cursos/seminarios a los que asiste?
  • ¿Qué libros recomienda el educador canino? ¿Son recientes? ¿Por qué los recomienda?

¿Cuál es la diferencia entre obediencia y «modales»?

  • Obediencia es un deporte, y hay competiciones al respecto.
  • Modales son habilidades de la vida diaria que te permiten experimentar de forma cómoda una variedad de eventos. incluyendo la participación en un evento deportivo, y luego volver a casa y realizar otra actividad, sin importar lo diferente que sea ésta.
  • (Nota de CANMIGOS) Aquí nos gustaría añadir que al pensar en cómo educar a mi perro, cuando hablamos de «Educación canina» estamos hablando de que el perro tenga las herramientas necesarias para gestionar las situaciones de la vida diaria con su familia y en el entorno en el que vive. Cuando esto no ocurre es cuando solemos hablar de problemas de comportamiento o de conducta, que normalmente deben trabajarse para que tanto el perro como la familia puedan vivir felices juntos. Sin embargo, el «Adiestramiento canino» implica que el perro sepa cómo realizar ciertas conductas al darle el comando. El Adiestramiento se vería más relacionado con la obediencia, y no suele conllevar problemas de comportamiento importantes: que el perro no se sepa sentar cuando se lo pedimos no tiene por qué implicar una problema en la vida del perro o de la familia.

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