El perro zen: el perro que disfruta con el aburrimiento

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Cambiemos el vocabulario canino

En ésta, nuestra primera entrada de nuestro blog, me gustaría exponer 2 vocablos que considero anticuados, que utilizamos frecuentemente y que tenemos en nuestra mano cambiar, por respeto a nuestros perros. Por supuesto, dicho respeto no se logrará simplemente cambiando la forma de hablar con las propuestas que hago a continuación, pero sí considero que el seguir utilizando las palabras que se utilizan actualmente no ayuda a ver a nuestros perros como los animales que comparten sus vidas con nosotros, dándonos tantos momentos de felicidad, por no hablar de todas las emociones que sienten por nosotros y que nos provocan.

Expongo a continuación dichos términos que me gustaría cambiar, junto con las propuestas y los motivos de dicho cambio:

  • Cambio vocabulario GUÍADueño/a o propietario/a. Muy a menudo nos referimos a nosotros mismos como los dueños o propietarios del perro. ¿Qué es lo que hace que así sea? Puede ser que hemos pagado una cierta cantidad de dinero para que viva en nuestra casa (cantidad muy variable dependiendo de si se adopta en una protectora, se encuentra por la calle o se compra de una tienda o criadero, caso en el cual la raza y el Pedigree influyen también notablemente en el precio). O puede ser también que utilicemos el término porque pensamos que es una posesión nuestra, como el coche, la casa o aquel imán de la nevera que compramos en el viaje al Caribe. ¿Realmente el haber pagado por un perro nos hace su dueño? ¿O un animal puede ser posesión de otro? Personalmente considero que no, y que la utilización de «dueño» o «propietario» objetualiza o «cosifica» al perro. Mi propuesta es que seamos el GUÍA del perro. Este término implica, además de que el perro nos acompaña, nosotros le guiamos y le ayudamos durante su vida para que él, como nosotros, pueda ser feliz. El trabajo de un guía no puede consistir únicamente en darle comida y recoger sus excrementos en la calle: va mucho más allá, pues tiene una responsabilidad adquirida con el perro, para que éste no sufra en su vida cotidiana con nosotros. Cambiemos de «Mira cómo pasea ese perro con su dueño» a «Mira cómo pasea ese perro con su guía».

 

  • Cambio vocabulario PERROMascota. Otro término que objetualiza a nuestro perro. Tenemos una mascota como una «cosa» divertida que nos da entretenimiento. Un perro (y cualquier animal doméstico) es mucho más que eso: nos da mucho más. Por ello, por qué no hablar simplemente del PERRO o decir su nombre? Cambiemos de «En casa tenemos 3 mascotas» a «En casa tenemos 2 perros y 1 gato».

Cabe la posibilidad de que con este afán de no objetualizar a nuestros perros podamos plantearnos otra pregunta: ¿Sería lícito hablar de los perros como «nuestros»? Si yo hablo de «mi perro», ¿le estoy también degradando al rango de «cosa», pues estoy utilizando un posesivo para referirme a él? Tras varias vueltas yo considero que no es así: también hablamos de «mis hijos/as», «mi novio/a», «mi tío/a», … y son personas de nuestra familia que ni se nos pasaría por la mente considerar como objetos.

Han sido solamente 2 ejemplos de vocablos que considero que deberíamos cambiar para darle a nuestros perros la entidad que merecen. Puede parecer vanal, pero siempre las grandes rutas comienzan por un primer paso.

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