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Gran Danés y Chihuahua. Ambos tienen el mismo antepasado. La diferencia la hemos creado nosotros

Gran Danés y Chihuahua. Ambos tienen el mismo antepasado. La diferencia la hemos creado nosotros

El ser humano juega a ser Dios en muchos ámbitos. Y la crianza de perros de raza es uno de ellos. Hoy en día se cree que el perro se autodomesticó hace unos 15.000 años: cuando el hombre empezó a tener asentamientos permanentes y no una vida itinerante, con la aparición de la agricultura, los antecesores de los perros (los mismos que los antecesores de los actuales lobos), aquellos más sociables y con menos miedo, se acercaban a los poblados a ingerir los restos de comida que dejaban las personas. Sí, señores: nosotros no les domesticamos. Esto quizás sea otro pensamiento que nos gusta tener, una vez más, para sentirnos poderosos.

Retomamos el espacio temporal: hace 15.000 años que los perros empezaron a formar parte de nuestra sociedad. ¿Y si decimos que la mayoría de las razas que conocemos actualmente, y tal y como las conocemos actualmente tienen su origen en los últimos 100 años? Con los avances en la ciencia genética iniciados con Méndel (1822-1884) y Darwin (1809-1882), los científicos encontraron las formas para ir “moldeando” los perros morfológicamente según sus deseos. En ocasiones se hacía buscando un determinado carácter o unas cualidades físicas más aptas para ciertos trabajos. Y en otras ocasiones se hacía buscando más una estética determinada. Hoy en día los perros que se adquieren con el objetivo de darnos compañía se busca que sean guapos, bonitos, que tengan caras infantiles, de bebé eterno, que parezcan peluches, o que sean simplemente curiosos y diferentes. Y por ello hay determinadas razas con las que se ha jugado (y todavía se juega) para cambiarles la estructura ósea, la cantidad de piel, el tamaño, la forma del morro, etc… Y ello conlleva muchos problemas de salud que los perros de hace 100 años o más no tenían.

Mosaico con representación de caza de liebre con perros en época romana

Mosaico con representación de caza de liebre con perros en época romana

Antes los perros tenían una función para el hombre, de la que ambos se beneficiaban. Eran perros de trabajo: ayudaban en la caza, con el ganado, … y a cambio las personas les daban alimento y cobijo (y algunos hasta cariño). No eran meramente “ornamentales”. No podían serlo: en las familias no sobraban los recursos, y tener que alimentar una boca más, aunque fuera la de un perro, sin conseguir nada a cambio, era complicado (salvo excepciones como las de las familias nobles y reales, que sí podían tener perros de compañía, aunque éstos también solían tener su función en la caza, por ejemplo). Como educadores caninos que somos nosotros nunca vamos a priorizar lo bonito/feo/diferente que sea un perro concreto, pero sí que su estado físico, emocional, cognitivo y social sean los adecuados. Y por desgracia, este “juego genético” que busca una estética en muchos casos perjudica estos aspectos claves en la vida y el bienestar del perro. Vamos a ver en este post varios ejemplos de ello.

Hemos de hacer notar que no somos veterinarios ni criadores, sino educadores caninos: no somos expertos en la condición física del perro. Y por ello pido perdón si algún término o descripción a continuación es incorrecto (acepto las correcciones). Pero como educadores caninos sí nos preocupamos por la salud física del perro, pues un problema en ella puede afectar gravemente a su comportamiento. Muchas veces un perro se comporta nervioso, ansioso, agresivo, … y nos preguntamos por qué lo hace y tratamos de resolverlo, centrándonos únicamente en la conducta problemática, y no en su causa. Eso es erróneo: debemos siempre trabajar sobre la causa de los problemas. A veces ésta será comportamental, o emocional… pero otras puede ser física: ¿a que nosotros no nos comportamos igual cuando nos sentimos bien físicamente que cuando tenemos algún tipo de dolor o problema físico? Pues en los perros ocurre lo mismo. Si un perro no puede respirar bien durante toda su vida, o tiene que lidiar con dolores de espalda o cadera, esto le puede generar estrés crónico, ansiedad y problemas de comportamiento.

Debemos además tener en cuenta que en ocasiones, el hecho de buscar ciertas características físicas en los perros de una determinada raza provoca cierta endogamia (cosa que los criadores más serios evitan): se cruzan perros con familiares suyos (más o menos cercanos) buscando conseguir una raza “más pura”, pero ello provoca en muchas ocasiones problemas de salud en la descendencia y/o en próximas generaciones. Todo esto no ocurre cuando hablamos de perros cruzados o mestizos, como la mayoría de los que se pueden adoptar en protectoras (que, por cierto, hay muchos, y necesitan de familias que les den cariño).

Este artículo no es un post en contra de los perros de raza. Seguro que los queremos tanto como a los mestizos. Y nosotros somos los primeros en reconocer las características que hacen especiales a estos perros. Pero sí pretende ser una llamada de atención para aquellas personas que buscan un perro de determinada raza únicamente por razones estéticas y/o de estatus social: pensemos como prioridad en introducir un perro en la familia que esté sano y pueda ser feliz, sin problemas físicos, al menos a priori (lógicamente los problemas físicos muchas veces aparecen aunque las probabilidades fueran bajas). Siempre se puede adquirir un perro de raza en criadores que prioricen el carácter y el buen estado físico antes que “la forma graciosa que vende”.

En el libro de 1915 “Dogs of all Nations” (“Perros de todas las naciones”), de W.E.Mason, se recogen imágenes y descripciones de razas de perros de la Exposición Internacional Panamá-Pacífico de ese mismo año. Los compararemos con imágenes de esas mismas razas hoy en día, y hablaremos brevemente de los efectos de estos cambios. Las imágenes antiguas son del libro mencionado. Y las nuevas son de diferentes fuentes, buscando siempre perros de pura raza con fama dentro de cada una y/o incluso ganadores en exposiciones de belleza.

Bulldog inglés:

Bulldog inglés de 1915 y de 2002

Bulldog inglés de 1915 y de 2002

Cuadro de lucha con toro en Inglaterra

Cuadro de lucha con toro en Inglaterra

Este perro originariamente se utilizaba para luchas con toros en Inglaterra (una actividad realizada desde el siglo XVIII hasta el XIX…. y vaya tela de actividad! Pero claro: era el siglo XVIII. Hoy en día no se nos ocurriría hacer sufrir a los animales solo para nuestro recreo, ¿verdad?), y era musculoso y atlético. La mandíbula inferior era más larga que la superior (prognatos) para que pudieran respirar mientras mordían al toro. Hoy en día son más voluminosos, menos ágiles y con morros más chatos todavía. Sus grandes cabezas hacen que sea normal que los partos de estos perros ocurran con cesárea. Su movilidad es reducida, tienen problemas respiratorios y les falta el aire en cuanto se mueven un poco (como todos los perros braquicéfalos). El paladar, la lengua y los dientes apenas les caben en la boca. Los pliegues en la piel les provocan en ocasiones dermatitis alérgicas. En 2004, con los datos de 180 muertes de Bulldogs en Reino Unido se estableció que la edad media de su fallecimiento era 6 años y 3 meses, siendo la principal causa los problemas cardíacos. Los que llegan a viejos sin estos problemas suelen alcanzar los 10-11 años. Y aparte de los problemas físicos, podríamos hablar de los sociales, pues la comunicación con otros perros, con su falta de expresividad facial, así como los “ronquidos” que emiten al respirar les hacen más complicados los encuentros con otros perros.

Beagle:

Beagle de 1915 y 2010

Beagle de 1915 y 2010

Esta raza, utilizada para la caza y los trabajos de olfato por su motivación por los olores y rastros se ve que también ha cambiado. Si bien los cambios no han tenido graves consecuencias para su salud (sí se dice que tienen más tendencia que otras razas a la epilepsia), lo exponemos aquí básicamente para hacer notar su cambio estético.

Cocker Spaniel:

Cocker Spaniel de 1915 y 2006

Cocker Spaniel de 1915 y 2006

Aparte de un cambio en su estructura de las patas traseras, lo más notable es su pelo más largo y sus orejas que caen y llegan a tocar el suelo cuando olfatean. Esto, unido al pelaje de las mismas, hace que sea frecuente que tengan la parte interna de las orejas húmedas y con hierbas, ramas, pinchos… y fácilmente garrapatas y otros parásitos. Todo ello les hace más proclives a las infecciones de oído.

Bull Terrier:

Bull Terrier de 1915 y 2006

Bull Terrier de 1915 y 2006

Cambio radical. No se puede describir de otro modo. De un cuerpo esbelto y musculoso a uno también musculoso, aunque cilíndrico sin definición alguna. De una cabeza con forma y una cara con facciones expresivas a una cabeza ovalada y un morro alargado sin fin que no le da oportunidad de expresarse. Los Bull Terriers blancos se ven afectados en un 20% por sordera.

Labrador Retriever:

Labrador Retriever de 1915 y 2012

Labrador Retriever de 1915 y 2012

Aquí el cambio morfológico no es tan extremo, pero sí se percibe un aumento de volumen. De hecho, hoy en día no es extraño ver este tipo de perros con ciertos problemas de sobrepeso: en parte porque son glotones, y en parte porque el estándar de la raza no es tan estilizado como hace 100 años.

Basset Hound:

Basset Hound de 1915 y 2015

Basset Hound de 1915 y 2015

Otro cambio radical. Patas más cortas. Cuerpos más alargados. Orejas más largas. Ojos caídos. Cada una de estas características suponen problemas en potencia: problemas estructurales de vértebras en su espalda, displasia en los codos, infecciones de oído y oculares.

Gran Danés:

Gran Danés de 1915 y 2008

Gran Danés de 1915 y 2008

El cambio más notable, aparte de la estructura de las patas traseras (que puede provocar problemas de displasia de cadera) es la forma y tamaño de la cabeza, mucho más grande en relación a su cuerpo. Debido a su tamaño corporal, y como la mayoría de razas gigantes, son más propensos a las torsiones gástricas.

Dachshund:

Dachshund de 1915 y 2008

Dachshund de 1915 y 2008

En este caso el cambio más evidente es el del alargamiento del cuerpo. Qué hay más “gracioso” que un perro que se asemeja cada vez más a una salchicha? Pues hay una cosa menos “graciosa”: los problemas de espalda, en forma de hernias, que suelen tener, sobre todo si tienen algo de sobrepeso o practican muchos saltos.

Doberman:

Doberman de 1915 y 2012

Doberman de 1915 y 2012

En este caso el cambio más evidente es estructural en sus patas traseras, pudiendo sufrir problemas de displasia de cadera. Además, esta raza manifiesta problemas de corazón más a menudo que otras razas.

Pastor Alemán:

Pastor Alemán de 1915 y 2010

Pastor Alemán de 1915 y 2010

Pastor Alemán saltando valla de 2'59m en libro de 1915

Pastor Alemán saltando valla de 2’59m en libro de 1915

De la misma forma el cambio estructural en sus patas traseras es muy evidente: la espalda ha dejado de estar recta de forma horizontal y tiene una pendiente hacia abajo, lo cual les hace caminar de una forma diferente y sufren a menudo de problemas de displasia de cadera. Esto hace que hoy en día no veamos (o al menos sea muy raro ver) a este tipo de perro saltando vallas de más de 2’5m de altura, como sí lo hacían sus antecesores.

 

Boxer:

Boxer de 1915 y 2005

Boxer de 1915 y 2005

A estas alturas, y tras todos los ejemplos anteriores, no es difícil observar la caída de la cadera que ha sufrido la raza (con los consiguientes problemas de displasia de cadera que puede llevar asociados), así como el acortamiento del morro que le provoca problemas para respirar cuando la temperatura es alta o la actividad física excesiva, con los consiguientes problemas cardíacos. Esta raza sufre de cáncer en mayor proporción que otras razas.

San Bernardo:

San Bernardo de 1915 y 2014

San Bernardo de 1915 y 2014

De nuevo la caída de la espalda, así como un aumento de tamaño, tanto corporal como craneal. También se ha acortado el morro. Aquellos perros de trabajo que una vez fueron, hoy se cansan al mínimo ejercicio que hacen, al no poder oxigenarse convenientemente.

Carlino:

Carlino de 1915 y 2015

Carlino de 1915 y 2015

Una vez más, problemas de respiración y de regulación de temperatura y de corazón debidos a sus dificultades para respirar a través de un morro tan aplastado (braquicéfalo). Además, nuestra ansia porque tenga una cara como de un bebé ha hecho que queramos que tenga unos ojos aparentemente grandes, y lo que hemos conseguido es que estén casi fuera de sus órbitas, con el riesgo que ello conlleva (puede llegar a salirse literalmente en caso de un accidente, un golpe o una pelea).

La mayoría de estos cambios de los últimos 100 años se han ido realizando de forma paulatina, pero excesivamente rápida para que los tejidos duros y blandos de los cuerpos de los perros se puedan ir adaptando convenientemente a estos cambios, provocando algunos de los problemas ya mencionados en cada raza. Casi siempre se han hecho estos cambios con el objetivo de “mejorar la raza”. Y nosotros nos preguntamos: cuando la forma del cuerpo “mejora” (al menos estéticamente parta algunos), pero ello provoca problemas de salud colaterales, ¿es esto una mejora real de la raza?

Carlos Míllara, Educador Canino de CANMIGOS

20 abril, 2017


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