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¿Educación canina tradicional o educación canina en positivo? Esta pregunta es la que cualquier persona con perro que busque solucionar un problema de comportamiento o enseñarle a su perro nuevas habilidades debería hacerse al empezar a buscar un educador canino profesional. Mucha gente tiene claro las diferencias, pero otras personas incluso desconocen que haya diferentes formas de trabajar con nuestros perros. Pretendemos en este post aclarar algunas de las diferencias para los menos duchos en este oficio, y arrojar luz sobre algunas técnicas aversivas utilizadas en el adiestramiento tradicional, gracias a una recopilación de estudios científicos recientemente publicada en referencia al efecto de estas técnicas aversivas en los perros.

Niña castigada

Niña castigada

Para hacernos una idea que considero bastante aclaradora sobre ambos tipos de adiestramiento canino podríamos comparar el adiestramiento tradicional con el sistema educativo (humano) también tradicional. Y el adiestramiento en positivo con las nuevas tendencias educativas (humanas). En la educación (humana) tradicional había cierta tendencia (perdóneseme la generalización) a presionar a los estudiantes para que aprendieran, y en aquellos casos en los que éstos no cumplían con los resultados y/o las normas establecidas, la manera de corregirlos era a través del castigo, incluso en ocasiones del castigo físico. No en vano muchos hemos escuchado la frase “la letra con sangre entra”, y cuando vemos una regla de medida podemos pensar en los “golpecitos” que se daban sobre las puntas de los dedos. Soy consciente de que no todos los miembros del sistema educativo de hace varias décadas utilizaban esas técnicas, pero había muchos otros que sí lo hacían. Sin embargo, hoy en día la educación lleva una línea de dar más libertad a los niños, de dejar que se equivoquen, que busquen su propio camino, y de lidiar con los conflictos de una manera respetuosa. El método tradicional de enseñanza era efectivo, seguro. Pero cabe la necesidad de hacerse 2 preguntas: ¿era más efectivo que las líneas actuales de educación? Y, ¿tenía consecuencias sobre la salud emocional, física y/o psicológica de los alumnos (al menos de algunos de ellos)?

Pues algo similar ha ocurrido en la educación canina con el paso del tiempo. Lo que hace unos años era el único sistema que se conocía para trabajar con los perros, ahora se llama “adiestramiento tradicional”. Se presionaba al perro para conseguir lo que se quería o necesitaba de él. Se pensaba que el perro debía estar sometido a nuestros deseos, y por ello si se saltaba alguna norma (establecida por nosotros), la corrección era con castigo. Collares de pinchos, de ahogo, eléctricos, pataditas para que se colocara en un sitio concreto, golpes en el morro para que aprendiera la lección, ponerlo patas arriba para dejarle indefenso y que le quedara claro quién manda…. Con el tiempo se han desarrollado otras metodologías de adiestramiento basadas en el respeto hacia el perro, en ayudarle a solucionar los problemas guiándole y premiándole cuando lo hace bien, en dejarle la libertad que como animal debería tener, siempre y cuando se cumplan ciertas normas de convivencia (que se enseñan basándose en el refuerzo positivo).

Esta evolución desde el adiestramiento tradicional al adiestramiento en positivo no es fruto únicamente del paso del tiempo. Con el tiempo se ha hecho mucha investigación sobre los perros, sobre sus emociones, sobre cómo piensan, … y eso ha llevado, en general, a empatizar más con ellos y querer respetarlos más.

Hemos de decir que las técnicas concretas en sí no son buenas ni malas. Las técnicas existen y ya está. Es el que las usa el que las puede utilizar bien o mal dependiendo de las circunstancias. A la hora de utilizar unas técnicas u otras se deben considerar otros factores, como la gravedad del problema o la urgencia de su resolución. Es posible que en casos puntuales se pueda plantear como necesario un trabajo con técnicas más aversivas para reconducir de forma rápida una situación crítica, y luego poder complementar y completar el trabajo con métodos más respetuosos (esos casos son desde mi punto de vista muy concretos y deben analizarse meticulosamente teniendo en cuenta las opciones que pudieran existir).

Perro haciendo disc dog

Perro haciendo disc dog

Quiero destacar además que ambas opciones no tienen por qué hacernos elegir blanco o negro. Muchos educadores nos movemos en la “zona gris”: una sistemática mixta. En nuestro caso basamos todos nuestros protocolos de trabajo en el adiestramiento en positivo y en el respeto al perro, complementado por herramientas y técnicas cognitivo-emocionales, que no hacen otra cosa sino ampliar el abanico de posibilidades de trabajo con los perros. Pero eso no quiere decir que si el perro hace algo que no debe (y que sabe que no debe porque se lo hemos enseñado o comunicado adecuadamente antes) no podamos corregirle y/o exigirle (también de una forma respetuosa).

En cuanto a la investigación realizada recientemente sobre los perros y su relación con los diferentes métodos de entrenamiento, en Febrero de este año se publicaba una recopilación de 17 estudios que comparaban el efecto de varios métodos de adiestramiento en perros. La recopilación ha sido realizada por Gal Ziv, del The Zinman College of Physical Education and Sport Sciences (Wingate Institute, de Netanya, Israel), con el título “The effects of using aversive training methods in dogs – A review” (“Los efectos del uso de métodos aversivos de entrenamiento canino – Una recopilación”).

Antes de meternos a analizar los diferentes estudios y sus conclusiones específicas, quiero definir los 4 procesos relacionados con el condicionamiento operante (un proceso utilizado en educación canina para hacer que un comportamiento se reproduzca más a menudo o desaparezca por completo), pues nos ayudarán a entender lo analizado en algunos de los estudios de la recopilación:

  • Refuerzo positivo: se fortalece un comportamiento porque aparece un estímulo que le gusta al perro. Por ejemplo:
    • Cuando enseñamos a sentarse al perro dándole un premio después: la conducta de sentarse se refuerza, pues aparece luego un trozo de comida;
    • Cuando el perro salta a las personas para saludarlas y éstas interactúan con él, ese comportamiento puede estar reforzándose porque luego aparece la atención que busca.
  • Refuerzo negativo: se fortalece un comportamiento porque desaparece un estímulo que el perro intenta evitar. Por ejemplo:
    • Cuando se enseña a un perro a sentarse tensionando la correa: la conducta de sentarse se refuerza porque el perro intenta evitar la tensión en el collar;
    • Cuando el perro ladra a las cosas que le dan miedo (bicis o corredores, por ejemplo), ese comportamiento se refuerza porque cuando lo hace el estímulo (las cosas que le dan miedo) se alejan o desaparecen.
  • Castigo positivo: se reduce la querencia de un comportamiento porque aparece un estímulo que el perro no desea. Por ejemplo:
    • Cuando se enseña a un perro a que no ladre disparándole con un spray (los hemos visto con agua, citronella, tabasco, …) en la cara cuando lo hace: el perro deja de ladrar para evitar que aparezca el aversivo;
    • Cuando un perro deja de acercarse a las personas porque éstas le suelen coger del suelo o manipular de una forma invasiva. Al no acercarse a las personas evita el aversivo
  • Castigo negativo: se reduce la querencia de un comportamiento al quitar un estímulo que el perro disfruta. Por ejemplo:
    • Cuando el perro ladra y le hacemos un time-out (encerrarlo en una habitación 1-2minutos): el perro deja de ladrar para no perder nuestra compañía/interacción.

El adiestramiento tradicional tiende a apoyarse más en el castigo positivo y en el refuerzo negativo, mientras que el adiestramiento en positivo lo hace en el refuerzo positivo.

Los estudios recopilados exploran los efectos de varios métodos de adiestramiento canino (refuerzo positivo, castigo positivo, escape/huida, …) en el bienestar de los perros, en su fisiología y comportamiento hacia humanos y hacia otros perros. Las conclusiones son que la utilización de métodos aversivos (como el castigo positivo y el refuerzo negativo) puede perjudicar la salud mental y física de los perros. Así, aunque el castigo positivo puede ser efectivo, funcional, no hay evidencias de que sea más efectivo que el refuerzo positivo. De hecho existen algunas evidencias de lo contrario, además de las cuestiones éticas que pueden surgir, que no son menos importantes, pero sí más subjetivas. Por ello, el propio autor de la recopilación sugiere que aquellas personas que manejamos y/o trabajamos (y yo añadiría las que convivimos) con perros deberíamos apoyarnos en métodos basados en el refuerzo positivo y evitar el castigo positivo y el refuerzo negativo tanto como sea posible.

Veamos de forma muy abreviada (aunque son 17 estudios y ello hace que el artículo se alargue) las conclusiones de los estudios mencionados.

Conclusiones de los estudios

Comparación de métodos de entrenamiento

  • Hiby et al., 2004. Dog training methods: their use, effectiveness and interactionwith behaviour and welfare. Se hizo una encuesta a 326 personas con perro de más de 1 año de edad (captadas durante los paseos con sus perros y en clínicas veterinarias). La utilización del castigo se relacionaba claramente con problemas de comportamiento. No ocurría lo mismo con el entrenamiento basado en recompensas. La cantidad de problemas de comportamiento era mayor en aquellos casos en los que solamente se utilizaba el castigo para el entrenamiento, luego aquellos en los que se combinaba castigo y recompensa y por último aquellos en los que solamente se utilizaba la recompensa o con métodos diferentes a los ya mencionados. Además, el adiestramiento con métodos punitivos en ningún caso fue el más efectivo para lograr objetivos de obediencia, mientras los métodos basados en recompensa sí lo fueron.
  • Gráfica problemas de comportamiento según método adiestramiento (Blackwell et al., 2008)

    Gráfica problemas de comportamiento según método adiestramiento (Blackwell et al., 2008)

    Blackwell et al., 2008. “The relationship between training methods and the occurrence of behavior problems, as reported by owners, in a population of domestic dogs”. También a través de una encuesta, esta vez en Reino Unido, a 192 personas con perro (de 1 a 15 años), captados en el paseo con el perro o en la clínica veterinaria. De estos casos, el uso de los diferentes métodos de entrenamiento se repartía y categorizaba así (no se categorizó ningún caso como Castigo negativo, aunque algunas de las técnicas catalogadas en el estudio como Refuerzo negativo deberían haber sido catalogadas como Castigo negativo):

    • 16% usaban Refuerzo positivo. Estos casos representaban los que menos comportamientos de reclamo de atención, miedo y agresión manifestaban. Igualmente, eran los menos reactivos a otros perros y personas;
    • 12% usaban Refuerzo positivo y Refuerzo negativo. Eran los que mayor cantidad de comportamientos de reclamo de atención mostraban;
    • 32% usaban Refuerzo positivo y Castigo positivo. Eran los que mostraban más casos de agresividad, y miedos. La incosistencia en los métodos de entrenamiento puede generar cierta incertidumbre y ansiedad en los perros, que puede desembocar en comportamientos agresivos (también podría ocurrir que los guías de estos perros simplemente hubieran probado diferentes métodos para resolver los problemas de agresividad de sus perros); y
    • 40% usaban una combinación de todas las categorías.
  • Herron et al., 2009. Survey of the use and outcome of confrontational and non-confrontational training methods in client-owned dogs showing undesired behaviors. Estudio realizado a través de una encuesta a 140 personas con perro que acudían a una sesión para consulta de problemas de comportamiento, para identificar qué estilos de entrenamiento provocaban más respuestas agresivas de los perros:
    • Perros que respondían de forma agresiva a métodos de adiestramiento con confrontación directa:
      • “Macho Alfa”: 31%;
      •  Liberación forzada de objeto de la boca del perro: 38%;
      • Golpear o dar una patada al perro: 43%;
      • Agarrar de los carrillos o del pescuezo: 26%;
      • Forzar la posición de tumbado: 29%
    • Perros que respondían de forma agresiva a métodos de adiestramiento con confrontación indirecta:
      • Mirar fijamente desde arriba: 30%;
      • Pistola de agua o spray: 20%;
      • Gruñirle al perro: 41%;
      • Gritar “No!”: 15%
    • Solamente entre un 0% y un 6% de los perros respondían de forma agresiva a métodos neutrales o basados en recompensa.
  • Perro haciendo señales de amenaza

    Perro haciendo señales de amenaza

    Casey et al., 2014. “Human directed aggression in domestic dogs (Canis familiaris): occurrence in different contexts and risk factors”. Datos tomados de 3897 encuestas respondidas por personas con perros, para analizar la influencia del método de entrenamiento en los casos de agresividad hacia personas. Comparado con el Refuerzo positivo y el Castigo negativo, el uso del Castigo positivo y del Refuerzo negativo tiene un efecto directo en el aumento del riesgo de agresividad hacia miembros de la familia y hacia desconocidos fuera de casa.

  • Arhant et al., 2010. “Behaviour of smaller and larger dogs: effects of training methods, inconsistency of owner behaviour and level of engagement in activities with the dog”. En esta encuesta hecha a 1276 personas con perro se analizaban diferencias de métodos de entrenamiento elegidos y los comportamientos según el tamaño del perro (catalogados en 2 grupos: grandes, de más de 20Kg, y pequeños, de menos de 20Kg):
    • El uso de Refuerzo positivo daba comportamientos similares en perros grandes y pequeños;
    • Una mayor frecuencia de castigos se relaciona con una mayor agresividad y excitabilidad tanto en perros grandes como en los pequeños;
    • La relación entre el castigo y la agresividad es mayor en perros pequeños;
    • La relación entre el castigo y el miedo y la ansiedad solo se encontró en perros pequeños;
    • El uso de respuestas basadas en la recompensa para trabajar problemas de comportamiento (p.ej., calmar o distraer al perro) se relaciona con una mayor frecuencia de comportamientos agresivos.

Este último es el único de los estudios analizados que relaciona las respuestas basadas en la recompensa con la agresividad. El resto dejan ver que los métodos basados en el Refuerzo negativo y el Castigo positivo implican una mayor incidencia de problemas de comportamiento, agresividad y miedo. Todos estos estudios mencionados se basan en respuestas dadas por los guías de los perros en encuestas, con lo que son puramente subjetivas y pueden estar sujetas a interpretaciones diferentes de los términos y las preguntas realizadas, lo que constituye un factor a tener en cuenta en las conclusiones. Así mismo, tampoco con estos estudios se puede probar la causalidad (“si usas métodos aversivos, el perro tiene más problemas”), pues desconocemos si los perros muestran por ejemplo más comportamientos agresivos por el uso de métodos aversivos, o si es al revés y al mostrar los perros comportamientos agresivos sus guías han utilizado métodos aversivos. Por tanto los resultados deben interpretarse adecuadamente conociendo estas limitaciones.

Estudios con observación directa de perros

  • Rooney and Cowan, 2011. “Training methods and owner-dog interactions: links with dog behaviour and learning ability”. Los investigadores visitaron y grabaron el comportamiento de 53 familias y sus perros en sus casas mientras seguían algunas instrucciones (como ignorar al perro y hacer algunos ejercicios de obediencia). Ninguna de las 53 familias utilizaba métodos de entrenamiento basados únicamente en el refuerzo o en el castigo. Aquellos casos en los que las familias utilizaban mayoritariamente el castigo fueron los de los perros que interactuaron menos con el experimentador, y eran los que jugaban menos con sus guías. Mientras tanto, en el caso de perros entrenados mayoritariamente con métodos basado en recompensa, la buena disposición para hacer tareas novedosas se correlacionaba directamente con la cantidad de premios entregados y con la paciencia del guía.
  • Perro en clase

    Perro en clase

    Deldalle and Gaunet, 2014. “Effects of 2 training methods on stress related behaviors of the dog (Canis familiaris) and on the dog-owner relationship”. Se comparaban perros que asistían a clases grupales de adiestramiento de nivel avanzado en 2 escuelas: una escuela cuyo entrenamiento se basaba en el refuerzo positivo (24 perros) y otra en el refuerzo negativo (26 perros). No se evaluaron casos de Castigo positivo ni Castigo negativo. Se analizaba la actuación de los perros en un ejercicio de caminar con correa y en otro de pedir el comportamiento de “sentado”:

    • Mientras caminaban con correa:
      • El 63% de los perros entrenados con Refuerzo positivo miraban a sus guías;
      • El 4% de los perros entrenados con Refuerzo negativo miraban a sus guías.
    • Durante el comando y ejercicio de “Sentado”:
      • Más perros del grupo de Refuerzo negativo se lamían la boca, bostezaban y mostraban al menos 1 de 6 comportamientos relacionados con estrés;
      • El 88% de los perros entrenados con Refuerzo positivo miraban a sus guías;
      • El 38% de los perros entrenados con Refuerzo negativo miraban a sus guías;
      • El 46% de los perros entrenados con Refuerzo negativo mantenían una postura corporal baja;
      • El 8% de los perros entrenados con Refuerzo positivo mantenían una postura corporal baja.
  • Perro en ejército

    Perro en ejército

    Haverbeke et al., 2008. “Training methods of military dog handlers and their effect on the team’s performances”. En este caso se evaluaban 8 ejercicios de obediencia y 5 ejercicios de trabajo de protección de 33 binomios perro-guía del ejército belga (perros de 1 a 5 años, habiendo trabajado de 3 meses a 3 años). Se realizaron 2 evaluaciones con 20 días entre medias, y se dividieron los perros en 2 grupos (de alto rendimiento y de bajo rendimiento). La correcta realización de los ejercicios fue en un 66% de los casos para obediencia, y en un 39% de los casos para trabajo de protección (porcentajes relativamente bajos). Aquellos perros que recibieron más estímulos aversivos (Castigo positivo o Refuerzo negativo, como tirar de la correa, colgar al perro del collar, riñas verbales o golpes) se distraían más y mostraban un peor desempeño comparados con aquellos que recibían menos estímulos aversivos. Además, se observó que los perros mostraban una postura corporal baja tras recibir el estímulo aversivo de sus guías.

Estos estudios nos sugieren por tanto que los métodos de entrenamiento aversivos pueden afectar negativamente al bienestar y al comportamiento de los perros. Y ninguno de los estudios ha demostrado que los métodos aversivos sean más eficaces o eficientes que los basados en recompensas (más bien parece lo contrario según el último de los estudios mencionados). Estos 3 estudios tienen un par de limitaciones que debemos conocer a la hora de sacar conclusiones: por un lado, no demuestran tampoco una causalidad (“si usas métodos aversivos, el resultado es peor”), y por otro al menos en 2 de los 3 estudios el observador fue solamente una persona, con lo que ello podría provocar una desviación subjetiva en los resultados de la observación (normalmente se recomienda que este tipo de observaciones las realicen varios investigadores por separado). Esto no anula los resultados de los estudios, pero sí debemos ser conscientes de estas limitaciones para interpretar dichos resultados.

Estudio sobre agresividad perro-perro

Solamente un estudio ha analizado la relación entre métodos de entrenamiento y agresividad perro-perro:

  • Pintura de perros peleándose

    Pintura de perros peleándose

    Roll and Unshelm, 1997. “Aggressive conflicts amongst dogs and factors affecting them”. A través de respuestas a cuestionarios se comparaban los perros agresores y las víctimas. Los cuestionarios fueron respondidos por 151 familias cuyo perro había sido lesionado por otro perro y por 55 familias cuyo perro había lesionado a otro perro. Solamente se arrojaron estadísticas descriptivas (no numéricas) de este estudio, siendo las siguientes algunas de las conclusiones:

    • Los perros que se entrenaban con golpes o “sacudidas” tenían un mayor historial de mordidas a otros perros;
    • Un mayor porcentaje de los perros agredidos tenían guías que gritaban y daban órdenes claras y que creían que el entrenamiento debería ser divertido y que era beneficioso tener un perro entrenado;
    • Un mayor porcentaje de los perros agresores tenían guías que creían que un perro estaría fuera de control sin entrenamiento.

No hay una explicación evidente (sí algunas conjeturas) para el hecho de que los perros que recibían gritos y órdenes claras estuvieran más frecuentemente en el lado de las víctimas.

Estudios sobre collares eléctricos y sistemas de confinamiento eléctricos

Algunas personas afirman que el uso de collares eléctricos es muy efectivo para corregir problemas de comportamiento. Otros pensamos que no lo es tanto, y a la vez es una forma de maltrato al perro. Con el objetivo de recoger las conclusiones de la ciencia al respecto de este tipo de herramienta la recopilación analiza los estudios científicos referidos a ella:

Estudios observacionales y con encuestas (collares eléctricos y sistemas de confinamiento eléctricos)

  • Collie agrediendo a persona

    Collie agrediendo a persona

    Polsky, 2000. “Can aggression in dogs be elicited through the use of electronic pet containment systems?”. Se recogieron datos de 5 casos de agresiones de perros a humanos, en presencia de algún tipo de dispositivo de control eléctrico de los perros. En todos los casos se trataba de machos adultos no castrados, y sin historial previo de agresiones. Todas las víctimas eran personas conocidas del perro, y todos los ataques se dieron en forma de repetidas mordidas a la persona. Durante el ataque ningún perro mostró señales de amenaza previas (p.ej, gruñir, enseñar los dientes). En 4 de los 5 casos el perro recibió una descarga eléctrica previa al ataque. En este caso las conclusiones no tienen por qué estar muy establecidas, pues se trata de un número pequeño de casos (5), y todos los datos proceden de los informes de las agresiones: no hubo observación directa de los incidentes por parte de los investigadores. Sería una posibilidad más que dichos ataques se debieran a la descarga eléctrica, a una riña del guía (que suele preceder la descarga eléctrica) o incluso a factores ambientales en el entorno que el perro puede haber asociado negativamente a la descarga (por experiencias previas).

  • Blackwell et al., 2012. “The use of electronic collars for training domestic dogs: estimated prevalence, reasons and risk factors for use, and owner perceived success as compared to other training methods”. Datos tomados de 3897 encuestas respondidas por personas con perros:
    • 3’3% decían utilizar collares eléctricos. 1’4% usaban collares antiladridos eléctricos. Y 0’9% usaban métodos de confinamiento eléctricos;
    • Los guías que utilizaban métodos de adiestramiento basados en recompensas decían tener más éxito al trabajar que el perro acuda a la llamada o inhibir su instinto de caza (97%), que aquellos que utilizaban collar eléctrico (83%) u otros métodos aversivos (94%).
    • La aparición de comportamientos no deseados no variaba entre métodos de entrenamiento.
  • Schilder and van der Borg, 2004. “Training dogs with help of the shock collar: short and long term behavioural effect”. Los experimentadores filmaron y observaron 31 perros que eran entrenados con (16 casos) y sin (15 casos) descargas eléctricas, algunos de ellos siendo entrenados para certificarse como perros policía:
    • Las descargas producían reacciones directas en los perros (p.ej., bajar el cuerpo, aullidos agudos, ladridos, gritos, agresividad redirigida, evitación), que duraban muy poco tiempo;
    • Comparación de efectos a largo plazo:
      • Durante un paseo libre, el trabajo de obediencia y policial, los perros entrenados frecuentemente con descargas eléctricas mostraban posiciones de orejas bajas y comportamientos relacionados con el estrés en mayor medida que aquellos entrenados sin descargas;
      • Las mismas diferencias se observaron incluso en paseos libres en el parque, fuera de la zona de trabajo;
      • Estos síntomas eran mayores durante el entrenamiento que durante un paseo libre.

Estudios intervencionistas (collares eléctricos y sistemas de confinamiento eléctricos)

  • Beagle rastreando una presa

    Beagle rastreando una presa

    Schalke et al., 2007. “Clinical signs caused by the use of electric training collars on dogs in everyday life situations”. En este caso se experimentó con Beagles de laboratorio entre 1’5 y 2 años de edad (14 perros en total), se intentaba eliminar su instinto de caza mediante descargas eléctricas, y se medía su respuesta de estrés midiendo el cortisol en saliva que tenían tras la experiencia con la descarga eléctrica (en líneas generales, a más cortisol, más estrés). Se les dividió en 3 grupos:

    • Grupo 1: Recibían una descarga justo en el momento en el que tocaban la presa ficticia. Esto provocaba un aumento (relativo) del 31% en el nivel de cortisol en saliva;
    • Grupo 2: Recibían una descarga cuando no obedecían el comando de llamada mientras perseguían la presa ficticia. Esto provocaba un aumento (relativo) del 160% en el nivel de cortisol en saliva. Este mayor aumento de cortisol se puede deber a que el comando de llamada se entrenaba sin la presa, pero en el experimento se ponía a prueba con la presa, lo cual les hacía más difícil atender al comando, provocando con ello un mayor pico de estrés;
    • Grupo 3: Recibían una descarga de forma arbitraria e impredecible. Esto provocaba un aumento (relativo) del 328% en el nivel de cortisol en saliva. Este mayor aumento del cortisol tiene sentido, pues en este caso los perros no podían predecir ni tenían control alguno sobre la llegada de la descarga.
  • Cooper et al., 2014. “The welfare consequences and efficacy of training pet dogs with remote electronic training collars in comparison to reward based training”. Se dividieron 63 perros en 3 grupos para examinar los efectos del uso del collar eléctrico en el bienestar del perro. Se entrenaba a todos los perros durante 5 días (2 sesiones de entrenamiento al día) para acudir a la llamada, con diferentes métodos. No se vieron diferencias entre los grupos en lo referente a la satisfacción de los guías y la percepción de la mejora de los perros, así como tampoco en los niveles de cortisol pre-entrenamiento y post-entrenamiento entre los 3 grupos:
    • Grupo 1: con collar eléctrico:
      • Los perros de este grupo mostraban estados tensos durante más tiempo que los de los otros 2 grupos.
      • Los perros de este grupo, junto con los del Grupo 2, mostraban la cola escondida (baja) más que los del Grupo 3.
      • Los perros de este grupo bostezaban más a menudo que los del Grupo 3.
      • La vocalización aumentaba con la intensidad de la descarga en el collar eléctrico.
      • En este grupo, así como en el Grupo 2, los entrenadores necesitaban dar el doble de comandos verbales que los del Grupo 3.
      • Los perros de los Grupos 1 y 2 interactuaban menos con el entorno que los del Grupo 3
    • Grupo 2: mismos entrenadores (que usan collar eléctrico) sin usar collar eléctrico.
    • Grupo 3: entrenadores que no usan collar eléctrico, y sin collar eléctrico.
  • Malinois militar

    Malinois militar

    Salgirli et al., 2012. “Comparison of learning effects and stress between 3 different training methods (electronic training collar, pinch collar and quitting signal) in Belgian Malinois police dogs”. Aquí se analizaba la obediencia de 42 perros policía de raza Pastor Belga Malinois, mientras se les pedía que caminaran al lado del guía y un figurante trataba de distraerles para que rompieran dicha posición. En caso de que la rompieran, los perros recibían una corrección de una de estas 3 formas: con un tirón en un collar de pinchos, con una descarga de un collar eléctrico o con una señal de abandono (una señal condicionada a retirar algo bueno que el perro quiere, un Castigo negativo en este caso). Las pruebas se hicieron durante 3 días (cada día el método de corrección era uno), separados por 1 semana entre ellos:

    • El uso del collar eléctrico y de pinchos conducía a aprender a ignorar la distracción (no ocurría lo mismo con la señal de abandono). Esto puede explicarse porque los perros no entendían qué se esperaba de ellos cuando les daban la señal de abandono (pues ésta se había entrenado con un juguete, y no con una persona que les provocaba);
    • No hubo diferencias estadísticas notables en la posición hacia atrás de las orejas en los perros entre la corrección hecha con el collar eléctrico y con el collar de pinchos;
    • Postura corporal extremadamente baja en un 4’8% (aproximadamente) de los perros corregidos con collar de pinchos, contra el 0% en los corregidos con collar eléctrico;
    • Un 60% de los perros corregidos con collar eléctrico vocalizaban, contra un 23% del collar de pinchos;
    • Se midieron además los niveles de cortisol en saliva, aunque los resultados son difíciles de interpretar (no se reportan los resultados y existen contradicciones). Sí parece que cuando se utiliza el Castigo negativo (señal de abandono) se conduce a una elevación del estrés en el perro, posiblemente debida a que no existía una comunicación clara establecida (sujeto a interpretaciones).

Estudios sobre collares antiladridos

Los collares antiladridos también dan descargas eléctricas a los perros (aunque los hay con otros tipos de aversivos, como pitidos o citronella en spray), pero en este caso no lo activa una persona con un control remoto, sino que lo activa la propia vibración de la garganta del perro cuando éste ladra.

  • Collie ladrando

    Collie ladrando

    Steiss et al., 2007. “Evaluation of plasma cortisol levels and behaviour in dogs wearing bark control collars”. Este estudio se hizo con 21 perros de una protectora. Se dividió a los perros en 3 grupos de forma aleatoria:

    • Grupo de control: se les colocó un collar que no hacia nada.
    • Grupo de collar eléctrico antiladridos: se les colocó un collar antiladridos eléctrico. Se observó que los ladridos se reducían.
    • Grupo de collar de citronella antiladridos: se les colocó un collar antiladridos con spray de citronella. Se observó que los ladridos se reducían.

No se observaron cambios notables en los niveles de cortisol en plasma ni de hormonas relacionadas con el estrés entre los 3 grupos, pero se cree que el tamaño de las muestras (21 perros en total entre los 3 grupos) es pequeño para sacar conclusiones a este respecto. Los cálculos realizados arrojan un resultado muy diferente, en el que los niveles de cortisol en plasma se elevan notablemente tras el primer día de los perros de llevar puesto el collar antiladridos (tanto el eléctrico como el de citronella). Por tanto, no hay duda sobre la efectividad de estos collares reduciendo el comportamiento problemático del ladrido, pero sí hay muchas sobre el daño en el bienestar físico de los perros que les pueden causar, relacionado con el estrés, el cual puede conllevar otros problemas de comportamiento como daños colaterales. Por este motivo recomendamos trabajar el problema de los ladridos de los perros con otros métodos que sean igualmente efectivos pero que no causen el estrés visto en los perros.

En resumen, de los estudios referidos a los collares eléctricos, todos salvo uno de ellos manifiestan el riesgo que estas herramientas pueden suponer para el bienestar de los perros. Además, se ha observado que gracias al condicionamiento los perros pueden asociar el daño de esos collares con los guías u otros factores del entorno. Además, los collares eléctricos solamente le dan al perro información sobre lo que no debe hacer, pero no le da alternativa alguna para manejar la situación (por ello en ocasiones aparecen otros comportamientos problemáticos en lugar del que se intenta corregir).

Aparte de todos los estudios mencionados que analizan los efectos de los métodos aversivos de entrenamiento sobre los comportamientos y las emociones de los perros, existen varios otros que vinculan el uso de estos métodos con problemas físicos en el perro. El efecto que el estrés tiene sobre la salud de los animales está probado, sabiendo actualmente que éste afecta negativamente la salud de los perros: supresión de respuestas inmunes, problemas gastrointestinales (diarrea, vómitos, pérdida de apetito, …), retraso hormonal de la pubertad, reducción de la calidad del esperma, reducción de la esperanza de vida, … Este tipo de respuestas sobre la salud se dan mayoritariamente cuando el estrés es crónico (no necesariamente con episodios puntuales de estrés). A este respecto recomendamos el libro “¿Por qué las cebras no tienen úlcera?”, de Robert Sapolsky.

Pastor alemán

Pastor alemán

Pero el uso de algunas técnicas punitivas puede conllevar también efectos negativos en la salud del perro de forma más directa. Así, se ha probado que cuando los perros tiran de la correa existe una mayor presión intraocular. Y por último, el caso de estudio de Grohmann et al., 2013, “Severe brain damage after punitive training technique with a choke chain collar in a German Shepherd dog”, ha mostrado que un perro, Pastor Alemán, que fue colgado y levantado del suelo del collar de ahogo durante 60 segundos, perdió la consciencia. Varias horas tras este episodio el perro manifestó varios síntomas neurológicos, y la resonancia magnética mostró que tenía un edema cerebral severo. Finalmente su familia decidió eutanasiar al perro. Aunque se trata de un caso extremo, el autor señala que esta técnica de colgar al perro del collar se sigue practicando por algunas personas, y puede haber más casos como el del Pastor Alemán (o menos severos, pero con daños) que no hayan sido reportados.

Todas las personmas que convivimos con perros y/o trabajamos con ellos (educadores, protectoras,centros de terapia con perros, perros de trabajo, …) debemos ser conocedores de estos estudios y sobre todo de sus conclusiones, para poder elegir los métodos de educación canina y adiestramiento que nos ayuden a mejorar la convivencia con ellos, a la vez que mantenemos y/o mejoramos su saludo emocional y física. Por ello siempre recomendamos que te asegures de las técnicas que usa el educador canino con el que contactas, pues el adiestramiento tradicional desgraciadamente demasiado a menudo se liga a técnicas aversivas, con las consecuencias que hemos detallado en este post. Y tú, ¿eres más de aversivo o de apetitivo?

Carlos Míllara, Educador Canino de CANMIGOS

26 septiembre, 2017


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